Reírse de uno mismo es bueno. Si eres capaz de hacerlo es indicativo de algo muy importante: de que te conoces lo suficiente como para haber identificado tus debilidades. De esa manera, siendo consciente de ellas, uno puede defenderse mejor.

Tener una discapacidad, ya sea adquirida o desde el nacimiento, implica también superar esa comparación con la “gente normal” y aceptar la diferencia. Y poder reírse de ella, siempre que no sea usando esa actitud como escudo, es un paso más en el camino a la propia aceptación.

Hoy quería reflexionar sobre el humor.

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