Admitámoslo. Las puertas son un mal invento a no ser que sean basculantes, como las de los bares del lejano oeste. Y ni así, porque siempre corres el riesgo de que alguien la abra desde el otro lado medio segundo antes de que llegues tú a hacer lo mismo.

Las únicas que a nosotros, los usuarios de sillas de ruedas, nos valen son las correderas. Y si son automáticas, pues mucho mejor. Eso si no van seguidas o precedidas de una convencional, como ocurre en el Ayuntamiento de Laredo. Y es que, a veces, se hacen obras para facilitar en acceso a lugares o servicios a personas con movilidad sin contar con su opinión o consejo y, claro, pasa lo que pasa.

Rampas con pendientes propias de un descenso para saltos de esquí, baños adaptados reconvertidos en almacenes… en el vídeo de esta semana abordo el tema de la accesibilidad absurda, que seguro que será recurrente. ¡Ah! Y con una propuesta de solución, para que no se diga que todo son quejas 🙂

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