Es innegable que los avances técnicos y tecnológicos de los últimos años han ido en pro de la inclusión del colectivo de discapacitados en la sociedad. Ayudas que nos permiten desplazarnos con mayor comodidad, domótica que nos facilita la vida, lectores de pantalla que permiten trabajar a personas con dificultad de visión, software de reconocimiento de voz cada vez más fiable para los que tenemos dificultades para teclear…

Pero muchas veces parece que es justo lo contrario. Recuerdo que yo era muy feliz con mi Nokia cuando cambié a un iPhone 4. El proceso de adaptación para aprender a escribir en un móvil en el que no tenía botones fue un infierno. Estuve dudando entre el modelo de Apple y una Blackberry, pero algo me decía que la evolución iba a tender a dispositivos sin teclas. Y acerté, aunque el avance no estuvo de mi lado en esta ocasión.

Hablo, pero no puedo mover mis dedos. En estas circunstancias empiezo a tener bastante claro que debo hacer una nueva evolución al estilo de los Pokémon (que tan de moda están en estos días), y no es otra que acostumbrarme a hablar con Siri, o con el asistente que me toque en un futuro. Con lo que me gustaría a mí manipular pantallas al estilo Minority Report.

Porque hacía eso vamos. A interactuar con pantallas de manera táctil. Y con este tipo de tecnologías se acabará discriminando a algunos. Porque los dispositivos suelen pensarse para personas bípedas ambulantes, y no todos somos así. Así que, por favor, metan un discapacitado en sus equipos de testeo.

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